Sabiduría natural y sustentabilidad

Sabiduría natural y sustentabilidad

Artículo originalmente publicado en la revista Vinculando (link)

Adrián Villaseñor Galarza

El concepto de desarrollo sustentable fue introducido en los años 80’s como respuesta a los desafíos ambientales, sociales y políticos a los que la raza humana comenzaba a despertar. Una sociedad sustentable fue definida como aquella en la que es viable “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la habilidad de futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades.”1

Para muchos, el concepto de sustentabilidad es algo vago y amplio por lo que ha sido el tema de innumerables debates, convirtiéndose en una de las temáticas principales del discurso social actual. El concepto se ha distorsionado y trivializado al ser utilizado como herramienta política fuera del contexto en el que originalmente fue propuesto.

La noción de sustentabilidad hace presente nuestra responsabilidad de heredar a nuestros descendientes un mundo con al menos el mismo número de oportunidades y recursos del que nosotros gozamos. Sin embargo, éste recordatorio no ha sido suficiente y la crisis ecológica se agrava día con día. Esto nos lleva a pensar que hay alguna deficiencia en el propio concepto de sustentabilidad y su consecuente entendimiento.

Quizá uno de los principales errores del concepto de sustentabilidad es que está basado y enfocado únicamente en el bienestar de los seres humanos (enfoque antropocentrista). ¿Cómo podemos crear comunidades humanas sustentables si nuestras estrategias no toman en cuenta el bienestar de la gran variedad de formas de vida y los diferentes ambientes en los que nuestra propia subsistencia depende?

Lo que es sustentable en una comunidad natural no-humana, como propone Fritjof Capra, “no es el crecimiento económico, el desarrollo, las acciones de la bolsa o la ventaja competitiva, sino la totalidad de la red de la vida.”2 La vida tiene una capacidad intrínseca para sustentarse a sí misma. Es posible indicar que las diferentes comunidades de plantas, animales, hongos y microorganismos son naturalmente sustentables al seguir su curso natural de desarrollo en el marco evolutivo planetario. Al observar cuidadosamente como las comunidades no-humanas están organizadas y estructuradas, se hace evidente una serie de principios esenciales que revelan su funcionamiento sustentable.

Principios sistémicos de la vida

Una de las características principales de las comunidades no-humanas es que no son un agregado de especies sino que conforman un conjunto en el que todos los miembros dependen de los demás. Es decir, son interdependientes. Las especies se encuentran interconectadas en una red de relaciones que proporciona a cada una de ellas su individualidad y permite su existencia. El éxito de la comunidad en general depende del éxito individual y cada individuo depende del éxito del total de la comunidad.

Otra característica clave de las comunidades naturales es que se encuentran interconectadas de tal manera que muestran un arreglo en forma de red; un patrón no-lineal de ciclos y retroalimentaciones. Esta particular estructura aporta una gran cantidad de beneficios, siendo uno de los principales el reciclaje. Las comunidades naturales son maestras del reciclaje: la energía y la materia viajan a través de redes de ciclos en las que el desecho de un organismo es el alimento de otro. Propiamente hablando, en éstas comunidades no existe la basura.

El arreglo en forma de red que caracteriza a una comunidad natural permite que se auto-regule y auto-organice. Las comunidades auto-organizantes son capaces de aprender de errores previos y adaptarse a condiciones variables que pudieran ocurrir en el futuro. Estas comunidades presentan su propia inteligencia y capacidad de aprendizaje por lo que no necesitan de ninguna autoridad externa que les informe que es lo que deben hacer.

El arreglo cíclico, auto-organización e interdependencia de las comunidades naturales implica que sus miembros cooperan entre sí. Cuando varios nutrientes o alimentos viajan a través de la comunidad, las distintas relaciones entre sus componentes reflejan numerosas formas de asociación y cooperación a la par de interacciones mas hostiles de competencia.

Las comunidades no-humanas son generalmente diversas. La diversidad significa que las comunidades están formadas por una gran variedad de relaciones que las hacen robustas y les permite enfrentarse de mejor manera a influencias externas. La diversidad se refleja en una variedad de conexiones y enfoques a un problema dado, el cual les proporciona un alto grado de flexibilidad que se manifiesta en su estructura fluida y en forma de red. Si un disturbio externo afecta o desvía a la comunidad de su estado natural, su flexibilidad y diversidad se encargan de llevarla de regreso a un estado de “equilibrio activo.” Una comunidad diversa es capaz de adaptarse a condiciones cambiantes.

La interdependencia, el reciclaje y la estructura en forma de red, la auto-organización, la cooperación, la diversidad y la adaptabilidad, son algunos de los aspectos básicos de la organización de las comunidades naturales que dan cabida a su inherente sustentabilidad.

Es una tarea complicada tratar de separar y enumerar las características de las comunidades no-humanas ya que se encuentran interconectadas. Debido a esto, no es posible mantener que cualquiera de estas características es más importante que las demás, sino que en su conjunto conforman una totalidad funcional. No es posible andar por ahí y observar una comunidad auto-organizada que no es interdependiente o alguna que coopere pero que no se auto-organice. Si este fuera el caso, esa comunidad estaría seguramente destinada a la extinción. Así pues, los atributos arriba enumerados coexisten naturalmente y es posible y necesario aprender de ellos.

Amnesia de lo natural

Parece que los humanos hemos olvidado que formamos parte activa de los procesos cíclicos de la naturaleza. Muchos de nosotros estamos conscientes de que nos hemos desviado del curso sustentable de nuestro planeta y de sus habitantes no-humanos. Nuestra salud depende de la calidad del aire que respiramos, del agua que bebemos y de los suelos en los que crecemos nuestro alimento. Es preciso que comprendamos que, así como los demás organismos, coexistimos con el aire, los océanos y el suelo y que estos elementos son tan imprescindibles para nuestro sustento como lo son para las comunidades de grillos, loros y leones marinos.

No es necesario crear maneras sustentables de vivir, solo debemos observar nuestro entorno y aprender. Al conectar nuestra creatividad con los flujos de materia y energía del entorno quizá caeremos en cuenta que la sustentabilidad esta en todas partes. Si fuéramos lo suficientemente humildes para dejarnos enseñar por las comunidades no-humanas, seríamos capaces de adherir nuestra economía, tecnología y modo de vivir a la habilidad sustentable de la naturaleza.

No es posible comparar nuestra mejor ciencia y tecnología con la antigua y gran habilidad de la naturaleza en el ámbito de la sustentabilidad. Su conocimiento ha sido refinado por miles de millones de años de evolución a través de un sinnúmero de organismos que han habitado el planeta. Pudiéramos decir que la naturaleza tiene su propia inteligencia. De hecho, es muy lista.

El concepto de sustentabilidad debe ser expandido en base a nuestro espectro de relaciones que de manera muy real enmarca al planeta entero. Esto sugiere que, como parte activa de la red de la vida, es imperativo que expandamos nuestra visión y recordemos el antiguo arte de “ser naturales.” Es necesario que recordemos nuestra herencia de sustentabilidad para no interferir con las actividades, procesos y ciclos evolutivos de la naturaleza y ser capaces de vivir en sintonía con ella. El primer paso para recordar y reconectar con la sabiduría ancestral de sustentabilidad inherente a la naturaleza es reconocer nuestra íntima y necesaria relación con la red de la vida para hacernos permeables a su influencia e inteligencia y sacudirnos la amnesia de lo natural.


1 Comision Mundial por el Medio Ambiente y Desarrollo, Nuestro Futuro Común (1987).

2 Fritjof Capra, Ecoliteracy: The Challenge for Education in the Next Century. (Berkeley, CA: Center For Ecoliteracy, 1999), 1.

Autor

Adrián Villaseñor Galarza

Me apasiona la transformación humana al servicio de la Tierra viviente para develar la expresión regenerativa de nuestros potenciales profundos.

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